La Trampa de la Tecnología: Por qué diseñar el proceso antes que elegir la herramienta

Casi todas las semanas me encuentro una nueva propuesta de los comerciales para “poner RFID en la empresa X”, bien porque lo ha pedido el cliente directamente o como solución aportada por el propio comercial.

Mi respuesta siempre es la misma pregunta: «¿Cómo trabaja el cliente?».

En mi trabajo diario desarrollando soluciones, he aprendido que es muy fácil enamorarse de la tecnología. El RFID, la visión artificial, el IoT… son herramientas fascinantes. Pero hay una lección que he aprendido a base de ver proyectos de todo tipo, exitosos y fallidos: la tecnología no es el fin, es el medio.

El error común: "Instalar y listo"

Existe la falsa creencia de que implementar RFID es como instalar una bombilla: la enroscas (colocas la antena), le das al interruptor (middleware) y se hace la luz (tienes datos), como si esa “magia” fuera la solución a todos los problemas.

Sin embargo, no es suficiente colocar unos arcos RFID e instalar un middleware que simplemente visualice una lista de tags leídos. Eso es solo generar datos, no soluciones. Si esos datos no están sincronizados con el movimiento físico de la mercancía y con las acciones de los operarios, lo único que tienes es una base de datos llena de números que no aportan valor.

El éxito de un proyecto reside en la integración invisible. La tecnología debe adaptarse al flujo de trabajo, o el flujo de trabajo debe optimizarse para aprovechar la tecnología, pero nunca deben chocar entre sí.

¿RFID, Código de Barras o un cambio de hábito?

Cuando me siento a analizar los «puntos de dolor» de un cliente, intento olvidarme por un momento de las etiquetas y los lectores. Me centro en entender el problema raíz:

  • ¿Por qué me piden esta tecnología?
  • ¿Qué procesos tiene el cliente y cómo se pueden optimizar?
  • ¿Es el RFID la mejor tecnología para este proceso?
  • ¿Cómo encaja en el flujo de trabajo?

A veces, la solución es un sistema RFID complejo con lectura en tiempo real. Otras veces, la solución óptima es un simple código de barras bien implementado. Y en ocasiones, la solución no es tecnológica, sino operativa: cambiar un proceso por otro.

La tecnología debe ser la respuesta a una pregunta bien formulada, no una imposición. Si no estudiamos la dinámica de la empresa, corremos el riesgo de digitalizar el caos. Un proceso ineficiente con RFID sigue siendo un proceso ineficiente, solo que más caro.

La verdadera integración

Un proyecto realmente exitoso no es aquel que tiene el hardware más caro, sino aquel donde la tecnología se vuelve invisible porque encaja perfectamente en el engranaje de la empresa.

Para llegar a ese punto, la planificación del flujo de trabajo (workflow) es innegociable. Debemos mapear cada movimiento, cada interacción humana y cada excepción. Solo entonces podemos decidir qué herramienta tecnológica es la adecuada para potenciar ese flujo.

Los tres pilares del éxito

En mi experiencia, cualquier implementación exitosa se sostiene sobre tres pilares. Si falla uno, la mesa cojea:

  1. Hardware Adecuado: Si es RFID, hay que seleccionar los tags (por superficie, tamaño, rango) y los equipos de lectura idóneos.
  2. Software (Lógica de Negocio): No solo debe guardar datos o lecturas, sino que debe saber interpretarlas y convertirlas en acciones útiles.
  3. Procesos y Personas: La planificación del flujo de trabajo y la adaptación a la realidad operativa de la empresa.

Conclusión

Llevo años trabajando en este sector y, si algo tengo claro, es que el hardware cambia, pero los principios de la eficiencia se mantienen.

Si estás pensando en modernizar tu empresa o eres un profesional diseñando una integración, te dejo el consejo más valioso que he aprendido en mi carrera:

Diseña el proceso primero; la tecnología vendrá después a potenciarlo.

No busques únicamente dónde poner una antena RFID. Levanta la vista de la hoja de especificaciones técnicas y mira cómo trabaja la gente y cómo se mueven las cosas. Busca dónde está el cuello de botella de tu negocio y utiliza la tecnología adecuada para destaponarlo. Esa es la única forma de aportar valor real.

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